Manejar la limitación económica PDF Imprimir
Reflexiones - Sociedad

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Nuestra sociedad vive inmersa en una serie de ideas que hemos ido heredando de generación en generación y que tiñen nuestra realidad. Como lo que creemos como cierto marca lo que nos va a pasar en  la vida, es muy difícil salir de todo ello si no nos hemos dado cuenta qué ideas están en el fondo de nuestras creencias condicionándonos constantemente, porque nuestro exterior va confirmando lo que creemos una y otra vez.

Una de esas grandes creencias en la que vivimos sumergidos como sociedad es que no tenemos libre albedrío y si intentamos tenerlo pagaremos caro porque seguro que haremos mal uso de esa libertad. En el peor de los casos, la creencia nos sugiere que no tenemos nada que hacer ni que decidir y tenemos que, simplemente, sobrevivir como podamos. A causa de ello experimentamos una sensación de impotencia enorme que nos debilita,al perder nuestro poder más genuino. Si nos fijamos, la mayoría de las grandes religiones han ahondado en ese concepto de un gran Dios que decreta por nosotros, pequeños egos pecadores. Unos lo llaman ego, los otros pecado, unos lo llaman infierno, los otros karma, unos lo llaman Dios, otros el Ser....


Son conceptos que han sido utilizados exhaustivamente por las religiones para hacernos muy obedientes y temerosos de Dios o del karma. No entro en la parte de verdad que tienen esos conceptos, pero personalmente, ha llegado un momento en que cuando oigo hablar de ego me recuerda al pecado del que me hablaban cuando era niña. Sigo siendo una pecadora, aunque ahora es mi ego el "malo". Y cuando hablan de karma me recuerda al infierno con el que me mantuvieron obediente a los mandatos cuando era niña. Digamos que son conceptos con los que se nos ha usurpado nuestra propia Voluntad Divina, nuestra conexión con lo más esencial que somos. No seguimos a nuestro corazón, sino que seguimos lo que los adultos, los sabios, los entendidos, los "mayores", los Maestros... deciden que es lo mejor. Así, perdemos la conexión y ya no sabemos ni qué queremos ni qué sentimos. Al final, nosabemos ni qué sentido tiene nuestra vida.

La mayoría de las religiones nosdicen que lo espiritual da sentido a la vida, pero si seguimos sus caminos habituales lo que conseguimos es precisamente perder ese sentido que uno sólo puede percibir cuando escucha su corazón. Si la religión tiene como finalidad re-ligarnos a la Unidad, tal y como nos la han servido nos ha envuelto todavía más en la dualidad, en el bien y el mal, en yo y el mundo, en yo y Dios separado de mi.

Este es un planeta en el que unas cuantas personas, que manejan el dinero y el poder, nos tienen con una soga al cuello al resto. Si no nos damos cuenta de ello, no podemos sacarnos la soga y empezar a disfrutar de verdad. Evidentemente, somos nosotros los que permitimos esa limitación tan grande de nuestra libertad, pero como tenemos tanta negación de nosotros mismos y creemos que desde el exterior se nos tiene que decir cómo tenemos que hacer las cosas, vamos dando tumbos para ver cómo manejarnos con todo.

Nos han dicho que el dinero es necesario y nos han estado concienciando de ello. Nos parece impensable crear una sociedad en la el elemento de intercambio no sea el dinero. Hemos llegado a creer que el dinero vino con la vida y que no hay otras realidades posibles en las que la energía para relacionarnos e intercambiar no sea el dinero.

Además, nos han dicho que tendremos más éxito en todo si tenemos dinero y que conseguiremos mucha más apreciación de los demás. Por supuesto, eso es lo que alimentamos con nuestra mente día a día.

Nos da pánico la carencia. Lógico, ya que la carencia se da cuando hay desconexión con nosotros mismos y en el fondo nos damos cuenta de que si hay carencia algo está “yendo mal”, igual que cuando hay enfermedad.

¿Os habéis fijado en cómo la sociedad en pleno criminaliza y culpa al que tiene carencia? Una cosa son los pobres de otro país o del nuestro: a esos no los criticamos sino que sentimos lástima por ellos. Algo muy diferente son las personas como nosotros que están viviendo carencia.


Nuestros juicios ante ellas son infinitos: que esas personas han “estirado más la mano que la manga”, que no saben gestionarse, que no saben priorizar, que son unas gandulas y no trabajan lo suficiente, que en algo se gastan el dinero y no controlan, que algo habrán hecho en otra vida, que no están dispuestas a trabajar de lo que sea, que “trabajo hay para quien está dispuesto a trabajar”…. Nuestra negatividad y excusas para juzgar no tienen fin y encontramos errores posibles infinitos.

Hacemos juicios que, en definitiva, van formando nuestros conceptos al respecto.

Parece como que cuando lo juzgamos lo estamos evitando y rechazando y no nos damos cuenta de que ese juicio nos desconecta de nosotros mismos y probablemente acerca esa experiencia juzgada a nuestra vida. ¿No os ha pasado nunca que criticas algo y luego te ves a ti mismo haciendo ese algo y recibiendo las consecuencias?

El manejo del dinero tiene que ver con el manejo del poder. Fijémonos cuán a menudo se usa la superioridad económica para situarse por encima de los demás. Cuando no tenemos dinero nos sentimos en clara desventaja.

Realmente, uno de forma habitual tiene que pasar por las situaciones para darse cuenta de lo absurdos que son todos nuestros juicios y de que no es tan sencillo manejar las situaciones cuando te encuentras con ellas.
De hecho, si encontramos situaciones difíciles es porque algo hemos de aprender de ellas, porque sino no las habríamos creado para nosotros. Si las encontramos, es porque las hemos creado, eso sí es seguro. Si son situaciones de amor hacia nosotros, podemos imaginar qué tipo de creencias y sentimientos las han creado. Si son situaciones de desamor, carencia o enfermedad, podemos mirar qué pensamientos y emociones nos han llevado hasta esa negación de nuestra plenitud.

Nadie de alrededor puede realmente saber qué estamos aprendiendo. Sólo uno mismo lo sabe en su corazón y ahí es donde hay que llegar como sea cuando tenemos problemas. Únicamente nuestro corazón tiene la perspectiva global que nos daría las respuestas que necesitamos al respecto y, desde luego, esas respuestas no se basan en conceptos sino en realidades internas a las que hay que estar muy atento.

Quizá somos los valientes que nos hemos ofrecido a experimentar un tema concreto para el beneficio de todos. ¿Lo habéis pensado alguna vez?

Quizá es una negación grupal o de toda una sociedad que estamos intentando traer a la luz.

Según esta posibilidad, habría el grupo de “cancer de lo que sea”, “carencia económica”, “ansiosos”, “adictos a…”, “sida”. Yo me he preguntado muchísimas veces si no estamos trabajando en grupos y experimentando juntos cosas con gente que a veces ni conocemos para mejorar las condiciones de la humanidad. Puede ser que formemos parte de un grupo que está sanando a todo un país o un planeta viviendo un tema en concreto. Puede ser que los miembros de este grupo (interno) estemos diseminados por todo el mundo y, si nos conociéramos, nos daríamos cuenta de cuánto tenemos en común.

El hecho de que unas personas vivan ciertos temas, los saca a la luz y hace que toda la sociedad mejore. Hay debate y reflexión, a parte de experiencia y enriquecimiento.
Los que no se encuentran con estas situaciones no es, probablemente, porque ya sepan hacerlo bien, sino simplemente que no han decidido ese capítulo en su vida, lo cual no supone nada, ni que lo hagan bien ni que lo hagan mal. Normalmente, cuando una cosa nos va bien pensamos que es porque lo merecemos, porque estamos haciendo las cosas bien. Pero, por poco que analicemos, nos daremos cuenta, observando a nuestro alrededor, que está lleno de personas que viven un montón de años con salud y comen verdaderamente mal o personas egocéntricas que malgastan el dinero y todo les va bien a nivel material. Hay mucha gente haciendo las cosas “fatal” y pasándolo estupendamente, al menos en apariencia. Esto ya tendría que dar al traste con nuestros conceptos al respecto, sobretodo con la idea de que si hacemos las cosas “bien” nos irá bien y si las hacemos “mal” nos irá mal. Y, ¿qué es “bien” y qué es “mal”? Y ¿cómo sabemos con qué capas nos estamos encontrando de nosotros mismos? Pueden haber capas muy profundas de negación que todavía no han salido a la luz.

Como ya he señalado antes, hay mucha compasión en la sociedad en cuanto a la pobreza de los “pobres”. En cambio, el tema de la carencia en gente “normal” es juzgado y criminalizado. En el fondo, se admira al rico, aunque se le envidie, y se juzga al pobre. Démonos cuenta de cómo esto quita poder al pobre y se lo da al rico y seamos cuidadosos con nuestros pensamientos.

A mi parecer, en base a mi propia experiencia, lo primero que ha de aprender la persona que está pasando por una fase de carencia, es a dejar de culparse y, por lo tanto, dejar de negarse. Creo que tiene que plantar cara a cualquier comentario respecto a la culpa que pueda recibir o cualquier pensamiento que pueda tener en cuanto a la situación en la que vive. La carencia va muy, muy unida a la culpa. Si no tengo poder, no "puedo" hacerlo mal.

Yo recomiendo encarecidamente reunirse con personas que hayan vivido el mismo problema y sacarle la gracia al tema, para darnos ánimos y centrar nuestro propósito. Esas personas son quienes relamente nos pueden ayudar, porque saben de qué hablan. Los demás sólo opinan y repiten conceptos y creencias no contrastadas.
Hablemos, por tanto, con quienes han pasado por esas experiencias de las situaciones por las que han tenido que pasar y riámonos de ellas y de nosotros mismos, evidentemente con cariño y respeto máximo. Verse a uno mismo cuando entraba aterrorizado al banco, o cuando evitaba encontrase con alguien, o cuando lo embargaron, cuando lo llamaron de tal o cual sitio…. Os aseguro que reírse de ello ayuda muchísimo a recuperar el poder de la situación. Lo sé por propia experiencia. Cuando relativizamos o nos reímos de lo exterior empezamos a sentirnos bien en nuestro interior. Meditemos en ello y veremos que contiene una clave importante.

Una vez, un amigo mío que en la actualidad maneja muchísimo dinero, me explicó cómo durante años no pasaba por la calle del banco, sino que daba una vuelta por otra calle para no tener que pasar. Lo explicó sacándole mucha guasa al asunto y nos reímos de lo gracioso de la situación. Nos reímos durante horas porque el tema dio para mucha guasa. A mi me sirvió muchísimo, me dio ánimos, esperanzas y me hizo sentir que lo mío no era tan grave y podía mejorar. Le estoy profundamente agradecida por haber compartido su experiencia conmigo.

En lugar de sentirnos culpables, aprendamos a reírnos de nuestras situaciones y a recuperar el poder y la dignidad en nuestro interior.

Si queremos realmente ser más felices, dejemos de juzgar a los demás en cualquier situación. Aprendamos a extraer las enseñanzas de las cosas sin juzgar a las personas.

Algo también muy recomendable es hacer listas, listas y más listas.
Volcar en un papel ayuda muchísimo a cambiar el ánimo y las ideas respecto a las cosas.

Escribamos en un papel lo que nos preocupa. Tomemos conciencia de qué es lo que nos preocupa realmente y cómo nos sentimos y, luego, vayamos dándole la vuelta y veamos todo lo bueno de esa situación. Leamos lo que podamos respecto a la “escala emocional de Abraham Hicks”. Os lo recomiendo por propia experiencia con ello. Por supuesto hay muchas otras maneras de llegar al mismo sitio pero esta es muy buena si la practicas con asiduidad.

Aprovechemos cuando nos vamos a dormir para hablarlo con nuestro ser superior. Cuando hablo de Ser Superior hablo de la parte nuestra que va más allá de nuestra mente. Una dimensión nuestra mucho más sabia que nuestra mente o emociones porque engloba todas las dimensiones de nosotros, no sólo partes. Es con lo que queremos alinearnos y, sin duda, esa alineación es la que nos da el vivir en plenitud. Hablemos con nosotros mismos volcando con sinceridad cuáles son nuestros anhelos y pidamos tranquilamente lo que deseemos de todo corazón. Quizá, cuando se desconecte nuestra mente y nos durmamos, recibamos preciosos mensajes de nuestro ser más profundo. Confiemos en que así va a ser.

En resumen: Dejemos de juzgar y sacar conclusiones, preguntemos a nuestro corazón y apostemos por nosotros mismos y por nuestra sabiduría infinita.

 

Marisa Ferrer