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Si partimos de la base de que todo lo que ocurre a nuestro alrededor es una manifestación de nuestro interior, podemos plantearnos que somos el Ser que gobierna ese universo. Como yo lo veo, somos un polo receptivo respecto a algo mayor, que cada uno llama como puede, Dios, Maestro interior, Ser... Seguramente, cada uno de nosotros se refiere a dimensiones diferentes cuando lo nombramos. Al ser algo más profundo e indefinible, podemos encontrarnos llamando Dios a, por ejemplo, aspectos diversos o diferentes niveles de eso que es, llamémosle, “mayor” a nosotros. Si nos situamos, por ejemplo, en un tercer piso, los pisos de abajo los vemos, pero todo lo que está encima no lo vemos. De la misma manera, podemos mirarnos a nosotros mismos, pero, ¿cuál es la porción que vemos? Como máximo vemos a partir del pecho hacia abajo y los brazos, pero nunca logramos vernos, por ejemplo, la cara, si no es proyectada en algún objeto o materia. Nunca la vemos tal cual, directamente. Es algo como para reflexionar. Por lo tanto, hay aspectos de nosotros mismos que podemos verlos, pero hay zonas nuestras que podemos experimentar, pero no las podemos ver fuera. Si todo lo que vemos, todo lo que ocurre a nuestro alrededor, es una manifestación de nosotros mismos, podemos darnos cuenta de hasta qué punto podemos gobernarlo y ser conscientes de que somos el creador de todo ello.
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